15-26 de abril: Termine' mi curso de comida tibetana y subi' con mi mochila desde McLeod hasta el vecino pueblo de Dharamkot, a ver si conseguia ingresar en el centro de meditacion Vipassana. El curso exige una dura disciplina moral y un compromiso a mantener 5 reglas mientras dure el curso: no mentir (facil de cumplir dado que apenas podemos hablar con el instructor), no robar, no tomar ningun tipo de toxicos (ni alcohol, ni cigarrillos, drogas o estimulantes), no cometer actos impuros (mala conducta sexual durante la vida cotidiana) y no dañar ninguna creatura viviente. Despues del curso, se agregan dos reglas: aprender a dar sin esperar nada a cambio y mostrar gratitud siempre que podamos. El curso es gratis porque se supone que uno vive como un monje: de la caridad de ex estudiantes. Asi uno no puede exigir nada como si fuera un consumidor o un cliente.
Las rutinas del centro son mas rigidas que las de una prision: no se puede hablar con otros estudiantes, se prohibe fumar y el consumo de cualquier estimulante, no se puede tener ningun tipo de contacto fisico con otras personas, hay areas separadas para hombres y mujeres, no se puede portar ningun simbolo religioso ni realizar ningun tipo de rito, se prohibe usar cualquier otra practica de meditacion o disciplina mental, no se puede leer o escribir, ni mucho menos escuchar musica, silbar o canturrear, la dieta es vegetariana y la cena es apenas una taza de te' con arroz u otro plato ligerisimo.
La primera noche se presenta la tecnica e inicia la prohibicion de hablar. El lugar es muy agradable: un bosque con vista a las montañas, silencioso a no ser por los gritos y cantos de aves y de monos.
A las 4 de la mañana suena la campana para despertarnos y a las 4:30 ya estamos en el hall de meditacion. Uno de mis compañeros de cuarto rompe el silencio y se lamenta apenas oye el primer llamado a meditar: Porca putana! Efectivamente, un italiano.
La primera tecnica parece sencilla pero no lo es: concentrarnos en nuestra respiracion. Al minuto la mente esta' viajando y en lo que uno mas piensa es en seguir durmiendo. Estar sentado con las piernas cruzadas por dos horas tampoco es lo mas facil. Las piernas se duermen, las articulaciones empiezan a doler y uno no ve la hora de que suene la campana. A las 6:30 termina la primera sesion y procedemos a desayunar una papilla y te' con leche. A las 8:30 reanudamos la meditacion, almorzamos a las 11, descanzamos otra vez hasta las 13:30, cenamos a las 17 y a las 18 retomamos la meditacion, a las 20 escuchamos un discurso sobre la tecnica y despues meditamos hasta las 21. A las 21:30 se apagan las luces.
El segundo dia uno enfrenta la primera noble verdad del budismo: el sufrimiento. Uno no sabe ya como sentarse para sentir menos dolor. En el tercer dia la concentracion se afina: debemos focalizar en las sensaciones en la diminuta zona que va desde el labio superior a las narinas. En el cuarto dia empezamos con la tecnica de Vipassana, de introspeccion y observacion de las sensaciones.
El objetivo es observar las sensaciones del cuerpo sin reaccionar ante ellas: no hay que rechazar el dolor ni apegarse al placer, tan solo observar lo que siente el cuerpo. Todas las miserias humanas surgen de esta conducta. Cuando uno aprende a no reaccionar, las acciones pasadas de aferrarse al mundo sensible se manifiestan como dolor y se disuelven dando lugar al fin del sufrimiento. Mientras tanto, uno intenta concentrarse en la tecnica para no llorar de dolor. Cuando uno lo logra, empieza a sentir vibraciones o algo asi como un flujo de energia por buena parte del cuerpo. Pero si uno se apega a estas sensaciones la concentracion se pierde. Toda sensacion debe considerarse pasajera y debe ser observada como si ocurriera en el cuerpo de otra persona. Parece imposible, pero no lo es.
Se supone que es la tecnica que enseคaba Buddha a sus discipulos, que se perdio' en la India unos 5 siglos mas tarde y solo sobrevivio' en Birmania. Fue reintroducida en la India hace unas pocas decadas de la mano de un hombre de negocios hindu' que vivia en Birmania. Sufria de una especie de migrañas que ningun medico conseguia curar, ni especialistas en Suiza o Estados Unidos tuvieron suerte, hasta que
dio' con un instructor de meditacion en su propio pais. Ahora a esta tecnica la usan para reformar la conducta de presos en varias carceles en la India, aparentemente con muy buenos resultados.
Pasan los dias y el silencio no se rompe a no ser por alguno que otro bostezo, eructo o flato (esta ultima una tecnica preliminar a la levitacion), el llanto de alguna chica que no aguanta mas el dolor, los saltos de los monos sobre el techo, los tambores de alguna celebracion hindu' en Dharamkot o los fuegos artificiales para conmemorar el aniversario de la independencia de Israel.
El decimo dia aprendemos otra tecnica de meditacion y se rompe la prohibicion de hablar. Finalmente conocemos los nombres de las personas con las que hemos convivido por lo que nos parece una eternidad.
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