
17 de julio. Praga sin nubes, salvo de turistas. Con Tatiana, mi compañera de viaje desde Amsterdam a Brno, aquilamos un flat a pocos metros de la embajada estadounidense. Unos pasos para arriba y se puede degustar comida italiana con una buena pilsen mientras se disfruta tambien de una buena vista panoramica de todo el centro historico.
Salvo en los negocios y restaurantes, hay pocos checos por la calle. Muchos españoles y norteamericanos ademas de turistas de casi todo el mundo. A diferencia de Amsterdam, aqui encontramos todo abierto hasta tarde a pesar de ser un lunes.
Seguimos por la opcion anti-guia de turismo. Caminamos y listo. Para encontrar el camino de vuelta al hotel, recorrimos mitad del centro historico sin necesidad de guias. Perderse es la mejor manera de disfrutar esta ciudad.
Los precios en Praga no son los que encontre' hace 6 años. Las hordas de turistas inflacionaron casi todo. Con Tatiana hacemos vida de burgueses: comemos en buenos restaurantes, paramos en buenos lugares y evitamos los lugares demasiado llenos. Aun asi, gasto menos que en Milan.
El martes 18 nos tomamos un tren a Kutna Hora, a apenas 66 km de Praga. Ya se ven mucho menos turistas, restaurantes mas tranquilos gente mas simpatica y precios mas razonables. Por otro lado, los menues apenas en checo son mas frecuentes y uno se hace entender en una mezcla de aleman, ingles, palabras pseudo eslavas y gestos varios.
Por alguna razon sigo con hambre. Debe ser el viaje. Almuerzo y ceno dos veces por dia. Aprovecho que la cerveza checa no se sube a la cabeza y pido una seguidilla de Staropramen Granat, Pilsner Urquel, Kozel y Gambrinus de a medio litro.
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