17 de octubre. Día de la lealtad peronista.
A la hora del almuerzo salgo de la oficina y voy directamente a casa. Me caliento un plato de sopa y espero. A las 14 supuestamente llegaba el camión de la mudanza con mis cosas. Le llevó como media hora para encontrar lugar para estacionar, media hora para descargar las 13 cajas y dejarlas en la portería y otra media hora para subirlas hasta el living de casa.
Firmo el recibo y cierro la puerta de casa.
Momento feliz.
Lo primero que hago es abrir las cajas, desembalar el equipo de música y poner un CD de Macy Gray. Ya entrado en ritmo, desempolvé unos 20 kg de libros, busqué lugar para las especias de la India, el wok-sartén, el equipo de montaña, el futon para las visitas, el mandala tibetano que ya tengo colgado en la pared, láminas japonesas sin enmarcar, ropa de invierno que ni me acordaba que tenía, un sobretodo con más arrugas que una anciana colla, zapatos más o menos gastados, pomadas y cepillos para lustrarlos, sábanas, colchas y almohadas, el piumino para un invierno menos frío que el de Milán, los platos de sushi y un juego de té, fotos añejas y varias cosas inútiles que ocupan bastante espacio como cortinas para un balcón que no tengo.
Terminé de desembalar todo a la noche, después de haber trabajado unas horas, ido a un curso, y cenado. Mi cuarto está atiborrado de cosas y así me parece más cálido.
sábado, 20 de octubre de 2007
lunes, 15 de octubre de 2007
Visitando a Don Miguel
13 de octubre. Después de desayunar con calma, desperezarme con calma y almorzar con calma, me encaminé tranquilamente a la estación de Nuevos Ministerios. Ahora que lo pienso, no sé quién le puso ese nombre a una estación. Alguno a favor del aumento de la burocracia.
Demasiado tarde para ir lejos, fui a visitar Alcalá de Henares, cuna según dicen de ese manco que escribió un libraco acerca de un loco que se las arregló para vivir aventuras de caballeros, visitar mujeres de vida ligera y otros personajes manchegos sin gastar un cobre y en compañía de un asistente gordito. Dicen que el manco murió el mismo día que Shakespeare. No consta que se hayan puesto de acuerdo por email.
Volviendo a Alcalá (o mejor dicho, llegando a Alcalá), me di cuenta de que cada vez anochece más temprano.
No tenía mucho tiempo para visitas culturales. Vi un edificio interesante y me metí. Era el Museo Cisneriano, un palacio ecléctico que reune en forma armoniosa restos de otros palacios en demolición, un cuadro del rey Enrique II con la cara de su antiguo propietario y una biblia políglota escrita por un sabio condenado a la hoguera por haberle dado más importancia al arameo que al latín, y salvado por la intervención del rey Don Felipe. Parece que su alteza no quería que su proveedor de biblias terminara asado a la parrilla como San Lorenzo.
Nuestra guía era una estudiante de historia de nombre Sabrina. Cara de haber dormido poco pero aún así derramaba simpatía. Un par de errores gramaticales y un acento extraño delató que no era del lugar. Viene de Argelia.
Siguiendo la tradición de viajar sin guías, seguí dando vueltas al azar. En una plaza, dos chicas tocaban melodías clásicas con un arpa y un violín. O con un arpa y una guitarra. Un arpa había, de eso estoy bastante seguro.
En la calle mayor dos titiriteros entretenían a los pequeños, y una multitud caminaba de una punta a la otra por el placer de caminar.
Pasé por la casa de Don Miguel pero al parecer no estaba. Creo que se fue a Argelia con la guía del Museo Cisneriano. Esta vez el manco no piensa pedir rescate.
Demasiado tarde para ir lejos, fui a visitar Alcalá de Henares, cuna según dicen de ese manco que escribió un libraco acerca de un loco que se las arregló para vivir aventuras de caballeros, visitar mujeres de vida ligera y otros personajes manchegos sin gastar un cobre y en compañía de un asistente gordito. Dicen que el manco murió el mismo día que Shakespeare. No consta que se hayan puesto de acuerdo por email.
Volviendo a Alcalá (o mejor dicho, llegando a Alcalá), me di cuenta de que cada vez anochece más temprano.
No tenía mucho tiempo para visitas culturales. Vi un edificio interesante y me metí. Era el Museo Cisneriano, un palacio ecléctico que reune en forma armoniosa restos de otros palacios en demolición, un cuadro del rey Enrique II con la cara de su antiguo propietario y una biblia políglota escrita por un sabio condenado a la hoguera por haberle dado más importancia al arameo que al latín, y salvado por la intervención del rey Don Felipe. Parece que su alteza no quería que su proveedor de biblias terminara asado a la parrilla como San Lorenzo.
Nuestra guía era una estudiante de historia de nombre Sabrina. Cara de haber dormido poco pero aún así derramaba simpatía. Un par de errores gramaticales y un acento extraño delató que no era del lugar. Viene de Argelia.
Siguiendo la tradición de viajar sin guías, seguí dando vueltas al azar. En una plaza, dos chicas tocaban melodías clásicas con un arpa y un violín. O con un arpa y una guitarra. Un arpa había, de eso estoy bastante seguro.
En la calle mayor dos titiriteros entretenían a los pequeños, y una multitud caminaba de una punta a la otra por el placer de caminar.
Pasé por la casa de Don Miguel pero al parecer no estaba. Creo que se fue a Argelia con la guía del Museo Cisneriano. Esta vez el manco no piensa pedir rescate.
lunes, 8 de octubre de 2007
De Mudanza
Hace una semana conocì a la representante de una empresa de mudanzas en un evento empresarial. Visto que no le podìa vender nada, fui màs a temas personales. Les pedì un presupuesto para ver si me ayudaban con mi propia mudanza desde Milàn. Ni lerda ni perezosa, el primer lunes de octubre me avisa que no habrìa problema en hacerla esta misma semana. Le pedì que me confirmase la fecha asì sacaba pasaje. El martes me preguntò si yo podìa estar en Milàn al dìa siguiente. Llamé a un colega a ver si me conseguìa un pasaje, ya que yo estaba en un evento fuera de la oficina. Me dijo que sì. Y a la hora de la cena aterrizé en el aeropuerto de Linate.
3 de octubre. El camiòn de la mudanza llegò a las 8:40, apenas 10 minutos tarde. Paola se levantò al rato, por màs que nos fuimos a dormir tarde. Como de costumbre, nos quedamos hablando sin fijarnos la hora.
A las 9:40 todas mis cosas estaban en el camiòn. No eran muchas. Una docena de cajas.
Desayuno con calma.
Paso a ver si mi pasaporte està listo.
Italia.
Aùn no lo han hecho. En agosto no han trabajado, y en septiembre no se sabe qué han hecho. Paso por el banco pero las puertas estàn cerradas. Me fijo la hora y confirmo que tendrìa que estar abierto. Alguien dice que los empleados estàn reunidos en una asamblea.
Italia.
Tarde de aperitivos. Me encuentro con dos chicas de teatro, Camilla y Carmen. Vamos a las columnas de San Lorenzo a tomar algo. Allì organizaban juegos al aire libre. Habìa tableros gigantes de damas y de ajedrez, otros juegos de plàstico y mesas para sentarse. Nos turnamos para jugar cuatro en lìnea en esquema dos contra uno. Camilla ganò siempre, y Carmen apenas cuando jugò con Camilla. No hace falta decir còmo me fue. En otro juego de adivinanzas tenìamos que hacer preguntas para descubrir qué éramos segùn la carta que llevàbamos sobre la cabeza. Una pareja nos vio jugando y se sentò a jugar con nosotros. Gente simpàtica.
Esta vez Carmen tuvo su desquite. Su primera carta llevaba escrito "Sono una patata". La ùltima, "Sono una serpente". No le costò mucho descubrirlo.
- Sono la campionessa!
Camilla me dijo que justo esa noche nuestra escuela de teatro organizaba una fiesta en un bar cercano. Caì sin avisar, detràs de las dos muchachas. Nadie me esperaba y yo no esperaba ver a los viejos colegas de actuaciòn esa noche. Ni a Silvia, que adelgazò 15 kilos y luce radiante. Ni a su novio, que sigue tan simpàtico como de costumbre.
En el bar se oìa jazz envasado y al vivo. Un pianista improvisaba "My favorite things" mientras miraba absorto un cuadro. Con Roberto y con Karim filosofamos sobre las mujeres, como se suele hacer cuando hay amigos, cuando se escucha buena mùsica y cuando se tiene una copa en la mano.
- La ùltima relaciòn que tuve me marcò. Era interesante para hablar, inteligente, buena persona. Pero fìsicamente no me atraìa.
- Y cuando una mujer no nos gusta no podemos fingir. Las mujeres sì pueden.
- Ahora me cuesta engancharme otra vez. Ahora busco algo serio.
- Yo es la primera vez que duro tanto con una chica. El otro dìa ella me preguntò si tenìa ganas de salir y le dije que preferìa quedarme en casa. Ella me confesò que en verdad tampoco tenìa ganas de salir. En una pareja una situaciòn asì ya serìa una crisis.
- Mi error es ser demasiado amigo de las mujeres.
- Es verdad. Mejor pasar por atrevido que por buenazo.
- Para mì, cuando una mujer es una amiga, es sòlo una amiga.
- Mis ex me dan fastidio de solo verlas.
- Ah! Mis ex....
Me despedì tres veces antes de irme de la fiesta. Llegué tarde a casa. Paola dormìa. Al alba me levanté para tomar mi aviòn de regreso. Esta vez me fui sin despedirme.
3 de octubre. El camiòn de la mudanza llegò a las 8:40, apenas 10 minutos tarde. Paola se levantò al rato, por màs que nos fuimos a dormir tarde. Como de costumbre, nos quedamos hablando sin fijarnos la hora.
A las 9:40 todas mis cosas estaban en el camiòn. No eran muchas. Una docena de cajas.
Desayuno con calma.
Paso a ver si mi pasaporte està listo.
Italia.
Aùn no lo han hecho. En agosto no han trabajado, y en septiembre no se sabe qué han hecho. Paso por el banco pero las puertas estàn cerradas. Me fijo la hora y confirmo que tendrìa que estar abierto. Alguien dice que los empleados estàn reunidos en una asamblea.
Italia.
Tarde de aperitivos. Me encuentro con dos chicas de teatro, Camilla y Carmen. Vamos a las columnas de San Lorenzo a tomar algo. Allì organizaban juegos al aire libre. Habìa tableros gigantes de damas y de ajedrez, otros juegos de plàstico y mesas para sentarse. Nos turnamos para jugar cuatro en lìnea en esquema dos contra uno. Camilla ganò siempre, y Carmen apenas cuando jugò con Camilla. No hace falta decir còmo me fue. En otro juego de adivinanzas tenìamos que hacer preguntas para descubrir qué éramos segùn la carta que llevàbamos sobre la cabeza. Una pareja nos vio jugando y se sentò a jugar con nosotros. Gente simpàtica.
Esta vez Carmen tuvo su desquite. Su primera carta llevaba escrito "Sono una patata". La ùltima, "Sono una serpente". No le costò mucho descubrirlo.
- Sono la campionessa!
Camilla me dijo que justo esa noche nuestra escuela de teatro organizaba una fiesta en un bar cercano. Caì sin avisar, detràs de las dos muchachas. Nadie me esperaba y yo no esperaba ver a los viejos colegas de actuaciòn esa noche. Ni a Silvia, que adelgazò 15 kilos y luce radiante. Ni a su novio, que sigue tan simpàtico como de costumbre.
En el bar se oìa jazz envasado y al vivo. Un pianista improvisaba "My favorite things" mientras miraba absorto un cuadro. Con Roberto y con Karim filosofamos sobre las mujeres, como se suele hacer cuando hay amigos, cuando se escucha buena mùsica y cuando se tiene una copa en la mano.
- La ùltima relaciòn que tuve me marcò. Era interesante para hablar, inteligente, buena persona. Pero fìsicamente no me atraìa.
- Y cuando una mujer no nos gusta no podemos fingir. Las mujeres sì pueden.
- Ahora me cuesta engancharme otra vez. Ahora busco algo serio.
- Yo es la primera vez que duro tanto con una chica. El otro dìa ella me preguntò si tenìa ganas de salir y le dije que preferìa quedarme en casa. Ella me confesò que en verdad tampoco tenìa ganas de salir. En una pareja una situaciòn asì ya serìa una crisis.
- Mi error es ser demasiado amigo de las mujeres.
- Es verdad. Mejor pasar por atrevido que por buenazo.
- Para mì, cuando una mujer es una amiga, es sòlo una amiga.
- Mis ex me dan fastidio de solo verlas.
- Ah! Mis ex....
Me despedì tres veces antes de irme de la fiesta. Llegué tarde a casa. Paola dormìa. Al alba me levanté para tomar mi aviòn de regreso. Esta vez me fui sin despedirme.
domingo, 30 de septiembre de 2007
Menina Veneno
24 de septiembre. En Brasil solíamos hacer senderismo un par de veces al mes, generalmente no muy lejos de San Pablo. A veces llegábamos hasta algunas cascadas en Minas Gerais o hasta viejas rutas de esclavos en el Estado de Río, entre la selva atlántica y la sierra. La última excursión en Brasil fue por la chapada Diamantina, en Bahía, caminando descalzos con nuestro guía Florisvaldo quien, como guía, era un excelente cocinero.
En todas esas excursiones, nunca tuvimos problemas con la fauna local salvo por alguna picadura de mosquito o por varias de los pequeños e insistentemente voraces borrachudos.
De las reuniones campestres del fin de semana, tampoco recuerdo grandes problemas. Lo más grave e impúdicamente cómico fue una vez en la quinta de Renato en la que André, nuestro amigo chef, se encontró a una garrapata aferrada a su escroto. Debió recurrir a un cigarrillo para quitársela.
Se puede vivir por la campaña brasileña sin ningun problema, La hermana de Renato, Lía, vive en el cerrado y nunca tuvo problema con ninguna bestia, ni siquiera con las bípedas.
Pero no hay que fiarse demasiado. La hermanita de Renato, Julia, pequeña actriz de obras de Nelson Rodrigues, no solía internarse en ningun sendero. No solía hasta que su actual novio, el fin de semana pasado, la convenció para hacer una excursión a Boiçucanga. Un sendero sin inconvenientes, salvo por una mordida de jararaca.
La jararaca es la segunda víbora más venenosa de Brasil. El efecto del veneno de jararaca es anticoagulante, así que la víctima sufre hemorragias que pueden causar la muerte. Lo peor que puede hacer uno al ser picado es acostarse, porque entonces el veneno se extiende fácilmente al resto del cuerpo. Me han dicho que los nativos se curan con aceite de burití, un remedio ancestral que los sabios nativos, ignorantes de las normas internacionales de propiedad intelectual, no han patentado. Para eso estarán los nobles investigadores de algún respetable laboratorio o centro del saber. Después de todo, esa es la ley de la jungla.
Volviendo a Julia. Su novio, el héroe del momento, la cargó durane una hora por el sendero hasta llegar al pueblo en donde le suministraron la primera dosis de suero. Luego la llevó al instituto Butantã, en San Pablo, para que le suministraran la dosis completa. Allí la internaron. Allí se recuperaba este martes después de la mala pasada. Allí ganaba un nuevo apodo: menina veneno.
Como en esa empalagosa canción de Ritchie: "Menina veneno / o mundo e pequeno demais pra nos dois"...
En todas esas excursiones, nunca tuvimos problemas con la fauna local salvo por alguna picadura de mosquito o por varias de los pequeños e insistentemente voraces borrachudos.
De las reuniones campestres del fin de semana, tampoco recuerdo grandes problemas. Lo más grave e impúdicamente cómico fue una vez en la quinta de Renato en la que André, nuestro amigo chef, se encontró a una garrapata aferrada a su escroto. Debió recurrir a un cigarrillo para quitársela.
Se puede vivir por la campaña brasileña sin ningun problema, La hermana de Renato, Lía, vive en el cerrado y nunca tuvo problema con ninguna bestia, ni siquiera con las bípedas.
Pero no hay que fiarse demasiado. La hermanita de Renato, Julia, pequeña actriz de obras de Nelson Rodrigues, no solía internarse en ningun sendero. No solía hasta que su actual novio, el fin de semana pasado, la convenció para hacer una excursión a Boiçucanga. Un sendero sin inconvenientes, salvo por una mordida de jararaca.
La jararaca es la segunda víbora más venenosa de Brasil. El efecto del veneno de jararaca es anticoagulante, así que la víctima sufre hemorragias que pueden causar la muerte. Lo peor que puede hacer uno al ser picado es acostarse, porque entonces el veneno se extiende fácilmente al resto del cuerpo. Me han dicho que los nativos se curan con aceite de burití, un remedio ancestral que los sabios nativos, ignorantes de las normas internacionales de propiedad intelectual, no han patentado. Para eso estarán los nobles investigadores de algún respetable laboratorio o centro del saber. Después de todo, esa es la ley de la jungla.
Volviendo a Julia. Su novio, el héroe del momento, la cargó durane una hora por el sendero hasta llegar al pueblo en donde le suministraron la primera dosis de suero. Luego la llevó al instituto Butantã, en San Pablo, para que le suministraran la dosis completa. Allí la internaron. Allí se recuperaba este martes después de la mala pasada. Allí ganaba un nuevo apodo: menina veneno.
Como en esa empalagosa canción de Ritchie: "Menina veneno / o mundo e pequeno demais pra nos dois"...
sábado, 22 de septiembre de 2007
Las gallinas ya no ponen huevos blancos
22 de septiembre. Noche de blanco en Madrid. Noche de muestras y espectáculos de las 21 hasta las 7, siguiendo el giro de noches blancas en toda Europa. Ya fue el turno de Riga y de Roma, y hoy le toca a Madrid.
Marco se fue a El Prado a seguir con su maratón turística. Noe se fue a la búsqueda de huevos blancos. Ya estuvo en dos lugares y hasta ahora no los ha encontrado. Empezamos a sospechar que hay algo raro detrás de este hecho. Algunos almaceneros dicen que les han ofrecido huevos blancos pero que no los han aceptado. No suena creíble. Dicen que se puede elegir entre huevos de gallinas criadas sueltas, huevos ecológicos, huevos industriales, huevos grandes y medianos, pero no entre huevos colorados y blancos ya que los últimos han desaparecido. Tal vez los usen para la noche de blanco.
Sigue sonando raro. En los almacenes de los chinos se encuentra de todo. Papel higiénico blanco, harina blanca, papel blanco y queso blanco. Pero los huevos son colorados como un ladrillo.
Por quien doblan las campanas
16 de septiembre. Marco cayó a casa con una botella de vino, medio kilo de parmeggiano, una botellita de licor y chocolates belgas. Que sirva de ejemplo para las próximas visitas.
Después de intentar hacerle de guía por Madrid, decidí acompañarlo a Avila provisto de una buena guía: la que llevaba Marco.
Una buena siesta en el tren de ida, un paisaje bastante amarillento y una no muy breve caminata hasta las viejas murallas.
Encontramos una pareja de argentinos que decidió no entrar a la catedral. Tal vez no estaban dispuestos a pagar los cuatro euros de entrada para ver uno de los mejores tesoros de la ciudad.
Un grupo de ancianos franceses que hacen el camino de Santiago se nos cruzaba en cada esquina con sus palos de caminar y sus pañuelos azules.
Grupos de turistas religiosos entraban en algunas iglesias como si fuera una cadena de montaje: primero una breve ceremonia en alemán, luego otra en italiano, luego otra en portugués, etc. Muchos turistas no entienden la regla básica de no disparar con flash contra las pinturas. Una placa en una esquina homenajeaba a Franco, defensor de las tradiciones, de la monarquía y de la fe. No sé qué habría pensado Santa Teresa al respecto.
La chica que vendía entradas para caminar sobre las murallas nos obsequió su mejor sonrisa. Una mujer de Singapur le sacaba fotos a un grupo de niños españoles en Cuatro Postes, con la ciudad amurallada como telón de fondo.
No se ve mucha gente por la calle un domingo, salvo turistas y algún anciano.
Antes de irnos pasamos por la iglesia extra muros de San Vicente durante el llamado a la misa de las 19. No podíamos irnos de Avila sin oir el repique de las campanas.
jueves, 13 de septiembre de 2007
Questo piccolo piccolo mondo
1 de septiembre. En mi ciudad el cafe' fue una vez definido como escuela de todas las cosas. Sin cafe', una ciudad me es ajena. Mesitas de estilo, clientela reconocible, tortas y masas de manteca, un libro, revista o periodico, algo de madera, de hierro y de cristal.
Desayuno en el Cafe Lumiere de Turin, temprano y sin apuro, con tetera de porcelana, torta casera y el diario sobre la mesa, musica clasica y aroma de cafe'. Se esta' mejor que en Milan, salvo que aqui no conozco a nadie ni tengo ningun amigo.
Paso por una libreria especializada en el lejano oriente. Libros sobre China, Japon y Corea. Compro fruta en la feria, medias de oferta y un par de camisas, menos caras en esta epoca. Nadie me pregunta de donde vengo, como si ya estuviera en casa.
Pero es la primera vez que visito esta ciudad.
Camino toda la tarde, vuelvo al hotel, me ducho y estreno una camisa. Ceno solo.
Despues de cenar voy al cine a ver 'Le vite degli altri' (Das Leben der Anderen), que todavia no habia visto. No hay poca gente en la sala, ni tampoco esta' llena. A mi lado se sienta una pareja que llega apenas antes de que empiece la pelicula. En el intervalo los reconozco. Al menos a el.
- Disculpe, por acaso usted no vivio' un tiempo en Buenos Aires?
- Si...
- Y trabaja usted en la empresa X?
- Si...
- Entonces iba a bailar tango a La Viruta?
- A veces. Pero no me acuerdo de usted.
- Yo era uno de los que se sentaban en su misma mesa.
- Ah. Y vive ahora en Turin?
- No, es la primera vez que vengo.
- Viene por trabajo?
- No exactamente.
- En que trabaja?
- Trabajo para la Stasi - respondi' como para mezclar el guion de la pelicula con nuestra conversacion. La situacion se prestaba.
Desayuno en el Cafe Lumiere de Turin, temprano y sin apuro, con tetera de porcelana, torta casera y el diario sobre la mesa, musica clasica y aroma de cafe'. Se esta' mejor que en Milan, salvo que aqui no conozco a nadie ni tengo ningun amigo.
Paso por una libreria especializada en el lejano oriente. Libros sobre China, Japon y Corea. Compro fruta en la feria, medias de oferta y un par de camisas, menos caras en esta epoca. Nadie me pregunta de donde vengo, como si ya estuviera en casa.
Pero es la primera vez que visito esta ciudad.
Camino toda la tarde, vuelvo al hotel, me ducho y estreno una camisa. Ceno solo.
Despues de cenar voy al cine a ver 'Le vite degli altri' (Das Leben der Anderen), que todavia no habia visto. No hay poca gente en la sala, ni tampoco esta' llena. A mi lado se sienta una pareja que llega apenas antes de que empiece la pelicula. En el intervalo los reconozco. Al menos a el.
- Disculpe, por acaso usted no vivio' un tiempo en Buenos Aires?
- Si...
- Y trabaja usted en la empresa X?
- Si...
- Entonces iba a bailar tango a La Viruta?
- A veces. Pero no me acuerdo de usted.
- Yo era uno de los que se sentaban en su misma mesa.
- Ah. Y vive ahora en Turin?
- No, es la primera vez que vengo.
- Viene por trabajo?
- No exactamente.
- En que trabaja?
- Trabajo para la Stasi - respondi' como para mezclar el guion de la pelicula con nuestra conversacion. La situacion se prestaba.
domingo, 26 de agosto de 2007
Epílogo
26 de agosto. No me puedo quejar. Debería hacer calor pero agosto ha sido un mes fresco. Está algo nublado y corre una brisa ligera. Ayer anoche llovió. Hoy es domingo y el barrio parece desierto. Una cafetera humea en la cocina. Café para las visitas, mate para mí. Desayuno y escribo.
Hace ya dos meses que he vuelto de la India. O sea, casi dos meses desde que se terminó mi año sabático. Desde entonces me he despedido de Ljubljana y de Milán, he pasado el cumpleaños de mi padre entre Carcassonne y Perpignan, comiendo magret de pato, queso de cabra y paté de foie, y he festejado mi cumpleaños en mi nuevo hogar, en Madrid. En otras palabras, sigo yendo de un lado para otro.
Hace un tiempo mi padre me recomendó que leyera a Sandor Márai. Casualmente fue poco después de haber pasado por su ciudad natal, Kosice, y hasta de haberle sacado una foto al monumento que le hicieron sin saber entonces quién demonios era ese tipo. Hoy su novela “Confesiones de un burgués” yace sobre la mesa de la sala. En la contratapa está escrito que Márai escribió esta novela de formato autobiográfico cuando tenía 34 años. Casualmente, mi misma edad.
Habla de sus muertos, los que viven en sus gestos, en su cráneo, en su manera de fumar, de hacer el amor, de alimentarse. “Como y bebo ciertas cosas por encargo de ellos.” Siguiendo con el mismo tema, ayer pasamos tarde y noche sentados frente a la pantalla de plasma, con mi nueva coinquilina y con una amiga suya, viendo viejos capítulos de una serie que tiene que ver con los muertos. “Six feet under”, sobre una familia que tiene una funeraria. El padre muerto es una presencia constante. Cada miembro de la familia lo sueña y dialoga con él. También dialogan con otros muertos, que les hacen ver situaciones de sus vidas con otros ojos.
Vuelvo a Márai. “La ‘personalidad’, lo poco que tú mismo te añades, es una nimiedad en comparación con la herencia que los muertos te dejan. Personas que ni siquiera he llegado ha conocer sobreviven en mí: se ponen nerviosas, escriben novelas, albergan deseos y luchan contra sus miedos en mí. Mi rostro es la copia exacta del de mi abuelo materno; las manos las he heredado de la familia de mi padre; mi temperamento es el de algún antepasado materno. En momentos determinados, cuando me molesta algo o tengo que tomar una decisión repentina, probablemente pienso, hablo y actúo igual que habría pensado, hablado y actuado mi bisabuelo materno en su molino de Moravia hace 70 años.”
Condicionados por lo que ha muerto y no ha muerto. Mi año sabático se ha terminado y ahora lo voy digiriendo poco a poco. No he cambiado ni de religión, ni de valores, ni de personalidad. Ni siquiera de dieta o de hábitos. Hoy peso lo mismo que antes de iniciar mi viaje. Hablo, como y actúo como la persona que fui antes de haberme ido. Respondo a su mismo nombre y soy dueño de todas sus cosas. Sus amigos son los míos y mía es toda su familia. Trato de llevar adelante sus proyectos de vida y relato mis pasos en su blog.
Tal vez debería crear un nuevo blog o al menos cambiarle el título. Como en una película: “El regreso del viajero”, o el de una serie: “El viajero, segunda temporada”.
Hace ya dos meses que he vuelto de la India. O sea, casi dos meses desde que se terminó mi año sabático. Desde entonces me he despedido de Ljubljana y de Milán, he pasado el cumpleaños de mi padre entre Carcassonne y Perpignan, comiendo magret de pato, queso de cabra y paté de foie, y he festejado mi cumpleaños en mi nuevo hogar, en Madrid. En otras palabras, sigo yendo de un lado para otro.
Hace un tiempo mi padre me recomendó que leyera a Sandor Márai. Casualmente fue poco después de haber pasado por su ciudad natal, Kosice, y hasta de haberle sacado una foto al monumento que le hicieron sin saber entonces quién demonios era ese tipo. Hoy su novela “Confesiones de un burgués” yace sobre la mesa de la sala. En la contratapa está escrito que Márai escribió esta novela de formato autobiográfico cuando tenía 34 años. Casualmente, mi misma edad.
Habla de sus muertos, los que viven en sus gestos, en su cráneo, en su manera de fumar, de hacer el amor, de alimentarse. “Como y bebo ciertas cosas por encargo de ellos.” Siguiendo con el mismo tema, ayer pasamos tarde y noche sentados frente a la pantalla de plasma, con mi nueva coinquilina y con una amiga suya, viendo viejos capítulos de una serie que tiene que ver con los muertos. “Six feet under”, sobre una familia que tiene una funeraria. El padre muerto es una presencia constante. Cada miembro de la familia lo sueña y dialoga con él. También dialogan con otros muertos, que les hacen ver situaciones de sus vidas con otros ojos.
Vuelvo a Márai. “La ‘personalidad’, lo poco que tú mismo te añades, es una nimiedad en comparación con la herencia que los muertos te dejan. Personas que ni siquiera he llegado ha conocer sobreviven en mí: se ponen nerviosas, escriben novelas, albergan deseos y luchan contra sus miedos en mí. Mi rostro es la copia exacta del de mi abuelo materno; las manos las he heredado de la familia de mi padre; mi temperamento es el de algún antepasado materno. En momentos determinados, cuando me molesta algo o tengo que tomar una decisión repentina, probablemente pienso, hablo y actúo igual que habría pensado, hablado y actuado mi bisabuelo materno en su molino de Moravia hace 70 años.”
Condicionados por lo que ha muerto y no ha muerto. Mi año sabático se ha terminado y ahora lo voy digiriendo poco a poco. No he cambiado ni de religión, ni de valores, ni de personalidad. Ni siquiera de dieta o de hábitos. Hoy peso lo mismo que antes de iniciar mi viaje. Hablo, como y actúo como la persona que fui antes de haberme ido. Respondo a su mismo nombre y soy dueño de todas sus cosas. Sus amigos son los míos y mía es toda su familia. Trato de llevar adelante sus proyectos de vida y relato mis pasos en su blog.
Tal vez debería crear un nuevo blog o al menos cambiarle el título. Como en una película: “El regreso del viajero”, o el de una serie: “El viajero, segunda temporada”.
miércoles, 18 de julio de 2007
Rosebud
2 de julio. Como en Citizen Kane, todo termina donde empezó, al este de Gorizia y al sur de los Alpes. En Ljubljana el tiempo es indeciso y los pronósticos de los servicios meteorológicos de Eslovenia y de Alemania nos dan información contradictoria. Uno dice que lloverá en las montañas, y otro que hará buen tiempo. Nos limitamos a observar los cambios climáticos. Se ven nubes sobre las cumbres pero al final despeja. Y cuando despeja, ya es demasiado tarde para salir de casa, asi que con Gabriel nos dedicamos a comer, a matear, a ver y a escuchar noticias argentinas por internet.
Pasan tres dias de inactividad, salvo por la observación de nubes y el mantenimiento de las tradiciones: cocinar, comer, escuchar la rock&pop, matear, hacer planes y birrear con moderación. Al cuarto día, después del almuerzo, decidimos probar suerte por la colina de Smarna Gora. Gabriel carga el equipo de escalada y yo apenas los mapas. Es que la India me ha debilitado. Buscamos unas paredes fáciles de subir pero no las encontramos. Después de dos horas de caminata entre la ruta y el bosque, desistimos. Subimos a pie a una torre y bajamos por el bosque hasta la ruta a casa. Nada como una buena cena para recuperar energías.
Por internet busco ofertas de casas con terrenos a la venta y Gabriel piensa cómo montar su empresa de turismo. También intenta convencerme para que busque una chica eslava. Gran novedad, piensa comprarse un auto. Si es que no quema sus ahorros en más equipo de montaña.
Pasan tres dias de inactividad, salvo por la observación de nubes y el mantenimiento de las tradiciones: cocinar, comer, escuchar la rock&pop, matear, hacer planes y birrear con moderación. Al cuarto día, después del almuerzo, decidimos probar suerte por la colina de Smarna Gora. Gabriel carga el equipo de escalada y yo apenas los mapas. Es que la India me ha debilitado. Buscamos unas paredes fáciles de subir pero no las encontramos. Después de dos horas de caminata entre la ruta y el bosque, desistimos. Subimos a pie a una torre y bajamos por el bosque hasta la ruta a casa. Nada como una buena cena para recuperar energías.
Por internet busco ofertas de casas con terrenos a la venta y Gabriel piensa cómo montar su empresa de turismo. También intenta convencerme para que busque una chica eslava. Gran novedad, piensa comprarse un auto. Si es que no quema sus ahorros en más equipo de montaña.
Recuperando la identidad
29 de junio. Pasé el domingo en casa, experimentando recetas indias con algunos amigos como cobayos: Paola, Alessandra, Ros y Giuseppe. Temo haber exagerado un poco con las especias. El lunes dejo de ser un indocumentado. Tramito la carta d'identita', cambio mi domicilio, pido una nueva Bancomat, compro un nuevo celular con un nuevo numero de telefono que funcionará luego de un par de días. Paso por la oficina para saludar a los colegas y a leer los 1300 emails que se acumularon en la casilla de entrada. Compro varios tipos de queso y preparo pan al horno. Estoy de vuelta en mi universo gastronomico: fontina, bresaola, songino, rucola, nero d'Avola, tortellini, pizza quattro stagioni, carciofi y otras delicias. Aperitivo para despedir a una colega que quiere dedicarse al altruismo. No faltan mujeres atractivas. Con dos copas de vino supero mi consumo de alcohol de los últimos dos meses. En la metro escucho el familiar anuncio del proximo paro de transporte. En la estacion central no encuentran una conexion de tren que sin embargo existe. Aún me quedan unos días de vacaciones y extraño el traqueteo de un tren.
Il Ritorno
25 de junio. Hora de juntar las cosas e irse. Quedé con un taxista para que me lleve al aeropuerto a las 5 de la mañana pero no apareció. Por suerte encontré a otro que me llevó por el mismo precio y me quedé con suficientes rupias en los bolsillos para desayunar.
El impacto cultural al subirme al avión de British Airways fue mínimo. La comida y la mayor parte de los pasajeros eran indios, pero al menos pude saborear la primera copa de vino francés en meses. En Heathrow por fin me sentí de regreso. Lo más multicultural y moderno que he visto después de la metropolitana en Delhi.
En Milán me esperan temperaturas moderadas, los aperitivos al aire libre, y comida con sabor a casa. Todo me gusta. Hasta los mosquitos me caen simpáticos. Bueno, no exageremos.
Aperitivo con Paula, mi querida anfitriona, una querida pizza y una querida ducha. No duermo mucho. Amanece temprano y duermo con la ventana abierta.
La sensación de volver es ligeramente extraña. Pareciera que el tiempo no hubiese pasado, y sin embargo siento un hueco temporal. Me pregunto si al año sabático no me lo soñé.
El impacto cultural al subirme al avión de British Airways fue mínimo. La comida y la mayor parte de los pasajeros eran indios, pero al menos pude saborear la primera copa de vino francés en meses. En Heathrow por fin me sentí de regreso. Lo más multicultural y moderno que he visto después de la metropolitana en Delhi.
En Milán me esperan temperaturas moderadas, los aperitivos al aire libre, y comida con sabor a casa. Todo me gusta. Hasta los mosquitos me caen simpáticos. Bueno, no exageremos.
Aperitivo con Paula, mi querida anfitriona, una querida pizza y una querida ducha. No duermo mucho. Amanece temprano y duermo con la ventana abierta.
La sensación de volver es ligeramente extraña. Pareciera que el tiempo no hubiese pasado, y sin embargo siento un hueco temporal. Me pregunto si al año sabático no me lo soñé.
viernes, 22 de junio de 2007
Luz verde para salir
21 de junio. Desayuno solo en el hotel. La pareja de argentinos se fue ayer, asi que esta vez no desayuno con mate y galletitas. Opto por te' verde, pan con manteca y miel y un libro de Rohinton Mistry. "A fine balance". Voluminoso pero de lectura rapida. Historias cruzadas en una gran ciudad de la India en 1975, durante el estado de emergencia declarado por Indira Ghandi despues de ser acusada de fraude electoral. Retrato de una India poco democratica.
Leo tristes historias de la India despues de escuchar las tristes historias que me contaron estos argentinos instalados en Barcelona. Viajaron por tierra desde Mejico a Buenos Aires. De todos los paises por los que pasaron, donde les hicieron mas problemas, ademas de los insistentes controles policiales y la falta de transporte publico en la Venezuela chavista, fue en Argentina. Los paraban a cada rato. Una vez el chofer del autobus les pasa el numero de sus asientos a los gendarmes y estos van directamente a buscarlos. Son los unicos con pinta de extranjeros. Ella viaja con pasaporte español. Los gendarmes les hacen bajar y les revisan todo. Nada grave, al final de cuentas.
La peor historia que me cuentan es la que pasaron un mes antes de irse a España. Estaban en Zarate. Ella con una amiga, tomando mate en frente de un parque. Nadie por la calle. Aparece un tipo armado y les pide que bajen la barranca con el. No se interesa por los bolsos ni les pide plata. La amiga se congela. Ella le dice que no, que no baja. Prefiere que la maten a que la violen. Finalmente el tipo opta por llevarse los bolsos y salir corriendo.
Los del otro lado del parque no salen a socorrerla. Tienen un acuerdo: no hacen denuncias, y los crimenes se cometen en otro lado. El padre de una amiga les ayuda a investigar y dan con el paradero del ladron/violador. Hacen la denuncia a la policia con todos los datos. A los tres meses, se enteran de que el caso se ha cerrado por falta de pruebas.
A la semana de irse, esta chica sufre un intento de robo a mano armada. Se escapa pedaleando su bici y el ladron no le dispara. No me extraña que hayan emigrado.
Pese a todo, me cuentan que quieren volver a Argentina a tantear si ahora da para volver.
Yo apenas me aseguro de poder salir de la India. Despues de almorzar voy al registro para extranjeros. Espero por una hora, hablo con una mineira que esta' trabajando en un laboratorio, con un ruso que espera que le extiendan una nueva visa y con un ingles vestido de pescador. Luz verde. Este sabado vuelvo a Italia.
A la vuelta en Majnu ka Tilla me encuentro con otra chica del hotel, una polaca de Wroclaw a la que tambien me cruce' en el Registro para Extranjeros. Me cuenta que se va a Ladakh. Le convido un poco de fruta seca de Ladakh, como para que vaya tomandole el gusto, y le paso datos utiles de donde parar y que' ver.
Me queda un dia para recorrer la ciudad. Apenas he visitado Bodh Vihar, la residencia, el bazar y el templo ladakhi. El padre de sTanzin trabaja en la secretaria. Me convida con te' que tomamos sentados en el cesped. Le cuento las buenas impresiones que me lleve' de Ladakh y de su gente. En el templo admiro los frescos sobre la vida de Siddharta mientras pasan unas charlas del Dalai Lama por los altoparlantes. Alguien le pregunta que' piensa sobre la posibilidad de un proximo cataclismo. El Dalai dice que no sabe. Que si saben de algun cataclismo en algun lugar, mejor que vayan a otra parte. Y si es universal, entonces no hay que preocuparse. No se puede hacer nada para escapar. Y se rie. Un amigo me pregunta de que' se rie el Dalai Lama. Se lo habra' recomendado el medico. O tal vez escucha cada mañana los chistes del negro Alvarez.
Leo tristes historias de la India despues de escuchar las tristes historias que me contaron estos argentinos instalados en Barcelona. Viajaron por tierra desde Mejico a Buenos Aires. De todos los paises por los que pasaron, donde les hicieron mas problemas, ademas de los insistentes controles policiales y la falta de transporte publico en la Venezuela chavista, fue en Argentina. Los paraban a cada rato. Una vez el chofer del autobus les pasa el numero de sus asientos a los gendarmes y estos van directamente a buscarlos. Son los unicos con pinta de extranjeros. Ella viaja con pasaporte español. Los gendarmes les hacen bajar y les revisan todo. Nada grave, al final de cuentas.
La peor historia que me cuentan es la que pasaron un mes antes de irse a España. Estaban en Zarate. Ella con una amiga, tomando mate en frente de un parque. Nadie por la calle. Aparece un tipo armado y les pide que bajen la barranca con el. No se interesa por los bolsos ni les pide plata. La amiga se congela. Ella le dice que no, que no baja. Prefiere que la maten a que la violen. Finalmente el tipo opta por llevarse los bolsos y salir corriendo.
Los del otro lado del parque no salen a socorrerla. Tienen un acuerdo: no hacen denuncias, y los crimenes se cometen en otro lado. El padre de una amiga les ayuda a investigar y dan con el paradero del ladron/violador. Hacen la denuncia a la policia con todos los datos. A los tres meses, se enteran de que el caso se ha cerrado por falta de pruebas.
A la semana de irse, esta chica sufre un intento de robo a mano armada. Se escapa pedaleando su bici y el ladron no le dispara. No me extraña que hayan emigrado.
Pese a todo, me cuentan que quieren volver a Argentina a tantear si ahora da para volver.
Yo apenas me aseguro de poder salir de la India. Despues de almorzar voy al registro para extranjeros. Espero por una hora, hablo con una mineira que esta' trabajando en un laboratorio, con un ruso que espera que le extiendan una nueva visa y con un ingles vestido de pescador. Luz verde. Este sabado vuelvo a Italia.
A la vuelta en Majnu ka Tilla me encuentro con otra chica del hotel, una polaca de Wroclaw a la que tambien me cruce' en el Registro para Extranjeros. Me cuenta que se va a Ladakh. Le convido un poco de fruta seca de Ladakh, como para que vaya tomandole el gusto, y le paso datos utiles de donde parar y que' ver.
Me queda un dia para recorrer la ciudad. Apenas he visitado Bodh Vihar, la residencia, el bazar y el templo ladakhi. El padre de sTanzin trabaja en la secretaria. Me convida con te' que tomamos sentados en el cesped. Le cuento las buenas impresiones que me lleve' de Ladakh y de su gente. En el templo admiro los frescos sobre la vida de Siddharta mientras pasan unas charlas del Dalai Lama por los altoparlantes. Alguien le pregunta que' piensa sobre la posibilidad de un proximo cataclismo. El Dalai dice que no sabe. Que si saben de algun cataclismo en algun lugar, mejor que vayan a otra parte. Y si es universal, entonces no hay que preocuparse. No se puede hacer nada para escapar. Y se rie. Un amigo me pregunta de que' se rie el Dalai Lama. Se lo habra' recomendado el medico. O tal vez escucha cada mañana los chistes del negro Alvarez.
Majnu Ka Tilla
18 de junio. Las cosas podian salir mal, pero no salieron. El reloj me desperto' con su bip casi imperceptible a las 4:40. El dueño de la posada se levanto' a tiempo para llevarme al aeropuerto. El auto arranco'. Cuando llegamos, el aeropuerto de Leh todavia estaba cerrado. No me hicieron problemas por no tener ticket impreso. Ni por no tener mas que una copia del pasaporte, aunque me hicieron completar un formulario extra. El vuelo salio' a tiempo y pude ver los Himalaya dese tierra por ultima vez.
En Delhi me esperaba una mañana lluviosa y fresca. Ni por asomo los 40 graos que esperaba encontrar. La mochila llego' bien. El rickshaw a la embajada italiana me cobro' poco. En la embajada me dejaron entrar con mochla, aunque obviamente la tuve que dejar en la garita de seguridad. Me atendieron enseguida. No tuve que comprar un pasaporte nuevo. Me dan un documento de viaje gratis. Es todo lo que necesito para salir de la India, ademas del visto bueno de las autoridades locales. Sigo en taxi hasta Majnu ka Tilla, la colonia de refugiados tibetanos al norte de Delhi.
Calles estrechas que apenas dejan entrever el cielo. Gente sentada en la calle, conversando, rezando, canturrenado, esperando que alguien se interese en comprar algo. Un tibetano me pide que le compre algo asi' consigue pagar su ticket a Dharamsala. Hasta para mendigar al menos ofrecen algo a cambio. Busco donde hospedarme y donde comer. Desde mi cuarto se escuchan pajaros. Perfecto. En la caotica Delhi, doy con un lugar tranquilo. No se escucha el transito de la avenida a menos de 100 metros. Del otro lado hay un rio y espacios verdes. Se escucha musica ceremonial desde el templo.
Delhi me dejo' una mejor impresion esta vez. Pasamos por barrios residenciales con grandes jardines, veredas nuevas, menos suciedad, grandes palacios gobernamentales, transito razonable y poca gente caminando por la calle. Me recuerda a veces a San Pablo, pero con 12 millones de habitantes en vez de 19, con un par de milenios mas de historia en sus 7 ciudades. Puede que en 50 años sea una linda ciudad.
En Delhi me esperaba una mañana lluviosa y fresca. Ni por asomo los 40 graos que esperaba encontrar. La mochila llego' bien. El rickshaw a la embajada italiana me cobro' poco. En la embajada me dejaron entrar con mochla, aunque obviamente la tuve que dejar en la garita de seguridad. Me atendieron enseguida. No tuve que comprar un pasaporte nuevo. Me dan un documento de viaje gratis. Es todo lo que necesito para salir de la India, ademas del visto bueno de las autoridades locales. Sigo en taxi hasta Majnu ka Tilla, la colonia de refugiados tibetanos al norte de Delhi.
Calles estrechas que apenas dejan entrever el cielo. Gente sentada en la calle, conversando, rezando, canturrenado, esperando que alguien se interese en comprar algo. Un tibetano me pide que le compre algo asi' consigue pagar su ticket a Dharamsala. Hasta para mendigar al menos ofrecen algo a cambio. Busco donde hospedarme y donde comer. Desde mi cuarto se escuchan pajaros. Perfecto. En la caotica Delhi, doy con un lugar tranquilo. No se escucha el transito de la avenida a menos de 100 metros. Del otro lado hay un rio y espacios verdes. Se escucha musica ceremonial desde el templo.
Delhi me dejo' una mejor impresion esta vez. Pasamos por barrios residenciales con grandes jardines, veredas nuevas, menos suciedad, grandes palacios gobernamentales, transito razonable y poca gente caminando por la calle. Me recuerda a veces a San Pablo, pero con 12 millones de habitantes en vez de 19, con un par de milenios mas de historia en sus 7 ciudades. Puede que en 50 años sea una linda ciudad.
lunes, 18 de junio de 2007
Domingo en Leh

Con la parsimonia de siempre, Leh se despierta sin hacer mucho alboroto. Es domingo y muchos negocios estan cerrados, por mas que el bazar parezca bastante activo.
Compro pan kashmir en una panaderia cerca de un arbol sagrado plantado en el siglo XVI. Los pegan como chicles en las paredes de un horno circular hasta que se cocinen.
Me hospedo en la Zom Guesthouse, una posada familiar puesta a nuevo, con su tipica huerta, la abuela sentada al sol y el sendero de piedras que desemboica en una de las calles principales.
Compro especias de la zona, damascos (albaricoques) secos, te' y jabon de tsetalulu, un par de libros y una bolsa de dormir de pluma en oferta: 10% de lo que vale en Europa. Ok, ya cargo demasiado.
Almuerzo tibetano: thukpa, chowmein y kawa (sopa, noodles y te' de cardamomo y canela). Sigo con un lassi de damascos y un jugo de tsetalulu. A la noche, arreglo para cenar con Stanzin, el promotor de Ecological Footprint y un par de amigos suyos. Primera cerveza en meses, palak paneer con un par de roti para acompañar. Ok, tal vez estos nombres no les suenen a nada.
Uno de los amigos de Stanzin, Gygmet, lleva una camisa con la bandera cubana y la imagen del Che Guevara. No se' si es socialista (como si las etiquetas sirvieran de algo), pero le interesa mucho America Latina. Hasta me sorprende por todo lo que sabe. Hablamos de casi todo, de futbol a politica internacional. El viejo sabor de una cerveza con amigos.
Vuelvo por los senderos de piedra hasta la posada. No me quedan muchas horas de sueño.
Foto: aldea de Shara (cortesia de Rebecca S.)
El incio del fin

La vida de aldeano en Ladakh ha sido de las mejores experiencias que he tenido. Vida sencilla, familiar, alegre, calida, inocente, natural. Cantar y silvar por los campos, hacer pausas para beber te', caminar por las montañas intentando no perder el aliento, arropar a un chivito recien nacido, ayudar a preparar la cena y compartir todas las tareas domesicas. Y disfrutar de mucho tiempo libre sea solo o en buena compañia.
El sabado a la noche Gyaltsin preparo' una cena especial por mi despedida: un par de pizzas a la ladakhi: cocinan primero la masa como si fuera un chapati, le agregan la salsa de tomate, queso y verduras locales, albahaca y oregano. La mejor pizza que he probado en este pais.
Ultimo dia. Sylvan, el carpintero de Bristol, intenta con exito subir a una cima cercana. Vuelve casi sin oxigeno. Rebecca tuvo su dia de pastora, de la mañana a la noche subiendo y bajando la montaña con la mujer de Gyaltsin y un rebaño de chivos. Kath toma sol. Steve prueba suerte con el arco y flecha. Yo apenas preparo mis cosas y camino entre las casas. Despues de cenar, le doy la mochila de regalo a Lhamo para que cargue sus utiles escolares. Se despierta, la carga y la pasea de lado a lado de la casa. Me ofrece un pañuelo que regalan como forma de agradeciminento.
Ultimo desayuno en la aldea. 6 de la matina. Gyaltsin me prepara un porridge de tsampa con te', manteca y queso de dimo secado al sol. Rebecca se levanta para saludarme. Saludo a todos los que estan despiertos. Respiro el aire del valle y cargo mi mochila en el autobus a Leh.
Foto: casa de Tashi en Shara (cortesia de Rebecca S.)
martes, 12 de junio de 2007
Vida de aldea

8 de junio. Mi viaje se acerca a su fin pero no me preocupa. Despues de almorzar salimos hacia la aldea de Shara, a unos 60 km de Leh y a cerca de 4000 mts de altura. Ademas de los ingleses se nos suma Steve, un nipo-estadounidense con pinta de cowboy. Es cocinero en Hawai y tiene experiencia en granjas organicas.
De camino hacemos dos paradas. La primera para visitar el monasterio de Tiksey, con algunos frescos espeluznantes de demonios tibetanos. La segunda es para mojar los pies en el rio Indo. Hace calor. Las aguas del Indo son turbiamente azules y frias. Todo lo que necesitamos.
Media hora despues llegamos a la aldea de Shara. Una docena de casas en el valle que conduce al paso de Shara-la, a 4900 mts de altura. Nos alojamos en la casa de Gyaltsin, un simpatico ladakhi de 30 años, su mujer Yangchen, y sus hijos Tenzin, de 11 años, y Lhamo, de 7. Steve duerme primero en el techo de la casa y luego en una hamaca. Los ingleses en una pieza, nosotros en otra y Gyaltsin en la cocina.
11 de junio. Nuestras rutinas consisten en trabajar un par de horas por la mañana y tal vez un par de horas a la tarde. Regar las plantas cambiando el curso de los arroyos, plantar verdurar y preparar los canteros, ayudar a lavar el centeno y ver como lo tuestan y lo nuelen en el molino local. En la pausa tomamos te' con gente que no habla una palabra de ingles y con la que apenas nos cominicamos por gestos o silbando las canciones que ellos cantan.
El resto del dia lo dedicamos a comer, dormir la siesta, jugar a las cartas o al ajedrez, pasear por los campos, jugar y bromear con la gente local, aprender dos o tres palabras en ladakhi, tomar te' con cardamomo y canela o el tipico te' tibetano de manteca (muy bueno para acompañar el pan de centeno) y a practicar tiro al banco con arco y flecha.
La comida es bastante variada: un dia preparamos mokmok todos juntos, otro dia comemos thukpa (sopa de pasta con verduras y porotos), arroz con dal o con lassi de dimo (yak), o sopa con queso de dimo, o tsampa con manteca de dimo que tiene un ligero sabor a roquefort. Hoy vinimos a Leh a comprar provisiones. Pensamos preparar
una cena italiana para la familia.
Leh, Ladakh

6 de junio. Finalmente llegamos a la capital de Ladakh, a 3400 mts sobre el nivel del mar. Paisaje arido y montañoso, con dos cimas a la vista que superan al Aconcagua. Casas de dos plantas, de adobe, piedra y paja. Ventanas de madera trabajadas en estilo ladakhi. Poblacion mayormente ladakhi, una tribu etnica y religiosamente tibetana. Hay tambien bastantes kashmiri con sus comercios de pashminas, alfombras, artesanias, panaderias y barberias. Dos gompas o castillos/monasterio vigilan la ciudad.
La ciudad es bastante plana. Apenas sobresalen algunos lamasterios, una mezquita y el techo dorado del mercado principal. Cada casa tiene su huerta y la mayoria de las familias tiene cuartos en alquiler. Apenas empieza la temporada veraniega y todavia es bastante facil encontrar alojamiento.
Con Philip, el ingeniero de Kerala, esperamos sentados hasta que las mujeres decidan en que posada podemos parar. Seguimos todos juntos al menos por otra noche. Salimos a cenar todos salvo Philip, que tiene mal de altura. Si, cuesta respirar.
Leh es bastante oscura de noche. Hay pocas calles iluminadas y ninguna fabrica o complejo importante. Pocos autos, muchas estrellas. De vuelta a la posada con rebecca vemos una estrella fugaz. Exclamamos un Uaaaau! al unisono.
Al dia siguiente averiguamos para ir a una granja organica en una aldea a las afueras de Leh por medio de la organizacion Ecological Footprint (www.ladakhecologicalfootprint.com). Uno de los promotores, Tanzin, nos dice que hay una posibilidad de salir en grupo a una aldea mañana mismo. Por esa noche nos podemos alojar en su casa con media pension incluida.
A la tarde nos separamos para pasear por la ciudad y hacer compras: anteojos de sol y crema humectante. No hace falta nada mas.
Desde el castillo/monasterio contemplo la ciudad y el valle. En ningun otro lugar de la India me he sentido tan bien. Sera' que no tiene nada de indio salvo la administracion.
Camino por las casas quinta en el barrio Sankar. Me pierdo por los senderos de piedra. Una anciana me saluda en ladakhi y en ingles: Hello! Jule! What are you looking for? Me indica el camino a la casa quinta/posada y otra anciana en vestidos tradicionales, trenzas atadas en la punta y sombrero con orejeras, me indica la puerta de entrada. Es la madre de Tanzin. Nos sirve te' y mas tarde la cena. Su marido reza y hace girar su rueda de oracion continuamente. Hablo con la otra pareja que va a la aldea mañana, un carpintero y una trabajadora social de Bristol. Cenamos te' con leche de dimo (hembra del yak), arroz con verduras y dal de porotos verdes. Los ancianos no hablan mas que ladakhi pero no dejan de sonreir y atendernos. Tanzin nos cuenta cual es el programa para mañana, nos explica cuales son las actividades sociales en la aldea que promociona y sobre otras actividades que realiza su organizacion. Nos dice que su madre esta' preocupada porque mañana no vamos a almorzar con ella.
jueves, 7 de junio de 2007
Carnavalito en Sarchu

4 de junio. Contratar un jeep en la India es como jugar a la loteria. Nunca se sabe si lo que prometen tiene algo que ver con la realidad. En el caso de la agencia Antek de Manali, tuvimos todo lo que prometieron: un buen jeep con neumaticos casi nuevos, tres asientos para dos personas, un chofer que conoce el camino como la palma de su mano, electrolitos para el mal de altura, paradas en buenos restaurantes y excelente atencion.
Viajamos con dos parejas de indios, una de Kerala y la otra de Shimla. Ingenieros en computacion escapando del calor de las planicies.
Despues de pasar a una infinidad de camiones, jeeps y autos, llegamos al primer paso importante: Rohtang Pass. Ahi se ven enjambres de turistas indios arrojandose bolas de nieve, esquiando, paseando en yak o apenas tomando sol.
Despues de almorzar cruzamos el segundo importante a 16.500 pies de altura (no entiendo porque' no usan el sistema metrico) y a eso de las 4 de la tarde llegamos a nuestro campamento cerca de Sarchu. Una planicie rodeada de montañas. El paisaje me recuerda un poco a Mendoza, o a al NOA, o a Bolivia. A Rebecca le recuerda un poco a Arizona. Un rio que no se ve ni se oye pero se adivina al pie de unas barrancas. Hace frio. Buenas carpas blancas para dos personas. Sabanas limpias y frazadas extra. Comida deliciosa y amable atencion. Nuestros compañeros de viaje resultan muy simpaticos. Todo es perfecto.
A la noche la temperatura baja a -5. Estamos a mas de 4 mil metros de altura. Tengo ganas de ir al baño pero me cuesta salir de la carpa. Tomo coraje y no me arrepiento. La luna casi llena ilumina el campamento, el valle, las montañas. Vuelvo a la carpa silvando un carnavalito.
domingo, 3 de junio de 2007
Cuatro ojos ven mas que dos

Dicen que la ruta al Valle de Spiti, con sus fantasticos monasterios tibetanos a mas de 4 mil metros sobre el nivel del mar, no esta' muy transitable. Problemas de derrumbes y escasos trabajos de mantenimiento.
Dicen que volvamos a preguntar en un par de dias. Para cambiar ambiente, nos mudamos a Naggar. Dos dias de absoluta tranquilidad dedicados a comer, leer, caminar, charlar y dormir. De paso compramos guantes de angora para el frio que nos espera.
Dicen que se podria ir a Spiti, pero por otra ruta mucho mas al sur. O que podriamos aprovechar que todavia no hay tanta gente yendo a Ladakh, y viajar en uno o dos dias a Leh, la capital de esa region, a 3505 mts sobre el nivel del mar. Solo hay que prepararse para cruzar dos pasos a mas de 5 mil metros de altura.
Mientras tanto empiezo a conocer un poco a Rebecca, hasta ahora mi unica compañera de viaje en la India. Me gusta viajar solo, pero debo confesar que esta chica de Vancouver viene resultando una excelente compañia (y toco madera por las dudas). Sonrisa jovial, cara fresca y nada mas que aparente ingenuidad. Sabe cuidarse por si sola mas que bien.
No fuma. No bebe si no esta' en un ambiente que no conoce o entre amigos. No consume nada mas fuerte que un cafe' con leche. Y buen paladar no le falta. Chica sana, lo que se dice.
Acostumbrada a veranear en las montañas, no le tiene miedo a la altura ni a cargar su mochila prolijamente cargada. Es de facil andar y de facil convivencia.
Tampoco hemos tenido problemas para ponernos de acuerdo sobre lugares para comer y para dormir, sobre que' hacer y de que' hablar, sobre cuando hacer cosas juntos y cuando separarnos. Y viajar en duo es siempre una ventaja para dividir gastos, para buscar informaciones y por seguridad. Cuatro ojos ven mas que dos.
La unica cosa en la que no coincidimos es en los horarios para despertarnos. Yo me despierto al alba, y ella unas tres horas mas tarde. Pero mañana tendremos que coincidir en esto tambien. A las seis de la mañana salimos en jeep hacia Leh.
Foto: camino a Leh (cortesia de Rebecca S.)
jueves, 31 de mayo de 2007
You may forget Manali but not Vashisht
Mayo llega a su fin y apenas me queda un mes para terminar mi año sabatico. En el autobus de McLeod a Manali, la luna casi llena nos permite vislumbrar los valles y montañas, circulos de fuego y otras hogueras en sus laderas, a aquel chofer ligeramente beodo en un autobus vacio ya que nadie se animo' a subirse. Despues de haber cargado las mochilas en un autobus, descargado y vuelto a cargar una vez que confirmamos cual de todos los autobuses partia, nos pudimos relajar un poco en nuestros asientos e intentamos dormitar sin mucho exito.
A las seis de la matina llegamos a Manali. El sol ilumina las cumbres nevadas. Ventajas de no viajar solo, mi compañera de viaje saca su guia y sugiere que busquemos hospedaje en Vashisht, una aldea al final del valle de Kullu. Nos subimos a un rickshaw y al llegar encontramos a Chantal con una amiga. Nos separamos nuevamente para buscar cuartos disponibles. Ofertas no faltan. En un hotel atendido por nepaleses conseguimos una buena habitacion con linda vista. Recuperamos horas de sueño y despues de almorzar salimos a caminar por el bosque. Faltaba una copa de vino tinto para acompañar el paiaje, pero no se puede tener todo en la vida.
En Manali nos dicen que la ruta al Valle de Spiti todavia no esta' totalmente habilitada. Hay que esperar un par de dias. Que asi sea.
En el sendero de vuelta a Vashisht nos encontramos con una pintada: "Puedes olvidarte de Manali pero no de Vashisht". Cenamos comida tailandesa. El cocinero nepales nos dice que aprendio' a cocinar en tres lecciones. Y aprendio' bien.
Hace frio y hay luna llena. En la vieja Manali nos dicen que hay una fiesta, pero con Rebecca preferimos la tranquilidad de la aldea, la amabilidad del camarero de Goa, de unos abogados de Delhi, del gerente del cibercafe' y del resto de la gente que trabaja, vacaciona o vive por aqui.
A las seis de la matina llegamos a Manali. El sol ilumina las cumbres nevadas. Ventajas de no viajar solo, mi compañera de viaje saca su guia y sugiere que busquemos hospedaje en Vashisht, una aldea al final del valle de Kullu. Nos subimos a un rickshaw y al llegar encontramos a Chantal con una amiga. Nos separamos nuevamente para buscar cuartos disponibles. Ofertas no faltan. En un hotel atendido por nepaleses conseguimos una buena habitacion con linda vista. Recuperamos horas de sueño y despues de almorzar salimos a caminar por el bosque. Faltaba una copa de vino tinto para acompañar el paiaje, pero no se puede tener todo en la vida.
En Manali nos dicen que la ruta al Valle de Spiti todavia no esta' totalmente habilitada. Hay que esperar un par de dias. Que asi sea.
En el sendero de vuelta a Vashisht nos encontramos con una pintada: "Puedes olvidarte de Manali pero no de Vashisht". Cenamos comida tailandesa. El cocinero nepales nos dice que aprendio' a cocinar en tres lecciones. Y aprendio' bien.
Hace frio y hay luna llena. En la vieja Manali nos dicen que hay una fiesta, pero con Rebecca preferimos la tranquilidad de la aldea, la amabilidad del camarero de Goa, de unos abogados de Delhi, del gerente del cibercafe' y del resto de la gente que trabaja, vacaciona o vive por aqui.
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